.. en la Cocina!
| Foto de Archivo, 1999 |
A pesar de proclamarme una mimada (que lo soy, me encanta mimar y que me mimen) desde niña siempre fui muy independiente, y cuando tuve la oportunidad de salir de casa no me lo pensé dos veces, ni siquiera cuando el primer salto era hacia una nevera a -35 grados y al otro lado del mundo. A esa edad no existen muchos temores. No temía quedarme sola, no temía no conocer a nadie, no temía por mi seguridad, no temía morir congelada de frío a la intemperie, no temía estar lejos de mi familia y tampoco temía morirme de hambre..
Al principio, los sanduches de huevo y de mantequilla de maní no resultaban tan desagradables.. con el tiempo se fueron quedando perdidos en la mochila de los libros hasta que un día dije: basta!. Empecé los maratónicos recorridos de "catas de hamburguesas" por toda la ciudad. A esa edad y aún más cuando te venden la idea de que al enfrentar el cuerpo a esas temperaturas la quema de calorías se incrementa, uno que se cree todo lo que escucha, los 51 kilos de peso no se verían afectados pese al cambio de alimentación. Dos meses más tarde la historia es distinta. Los pantalones empiezan a quedar más ajustados y la cara tiende a redondearse ligeramente. (maldita quema insuficiente de calorías!) Entonces llega el momento que toda persona debe plantearse: seguir alimentándote de grasas y hacerte miembro vitalicio del bar de la esquina o empezar a comer como una persona responsable.
Primer enfrentamiento con la gran desconocida: la Cocina.
Dos amigas y yo decidimos invitar a unos amigos a cenar a la casa de una de ellas.. cual más ignorante en el tema el plato escogido fue: Pastas. No hay nada mas sencillo que preparar un plato de espagettis al pomodoro y queso, no?.. no?
Pero para unas chicas que a lo sumo habían entrado a la cocina para devolver el plato y decir: "Gracias, todo muy rico", empezar a cocinar un plato de pastas era toda una aventura.... Empezando porque al colocar la Olla con agua me dice mi amiga Laura: "Silvia...eso parece una pecera! sácale agua.. sácale agua!".. y yo obedientemente saqué más la mitad..
Resultó que las pastas se debían cocinar en abundante agua, sobre todo si pones a cocinar pastas para 6. La cena fue un fracaso, los espagettis quedaron apelmazados, el tenedor se quedaba atollado entre la masa sin forma de lo que se esperaba fueran unos delgados fideos al dente y no hubo quien los comiera. Por suerte la pizzería con domicilio de la esquina nos salvó la noche y al final entre risas las "pastas al acuario" quedaron en el fondo de la basura.
El curso práctico de cocina que intentó darme mi madre un par de años mas tarde no surtió efecto pese a su insistencia. Especialista en "ver cocinar" y no tocar ni el mango de la sartén me pasaron factura cuando volví a salir de casa. Con 20 años y estudiando arquitectura no quedaba mucho tiempo más que para sacar un par de galletas de la caja y tomar zumo de cajita. A los tres meses de comer y cenar porquerías (los pantalones empezaron a quedar ajustados nuevamente) ya me enfermaba solo con el olor o el sonido de una bolsa grasienta de patatas.. y cuando las acomodadoras del super ya me reconocían y me guardaban algunos paquetes cuando se acababan las existencias fue entonces la voz de alerta! Tenía que empezar a cocinar...
El primero ensayo fue con congelados (bendita "la Sirena" que me quedaba a la vuelta de la esquina) pero con el tiempo el pollo apanado y el arroz de bolsa viene a ser lo mismo que la grasienta bolsa de patatas de hace un par de semanas así que toca replantearse el Menú.
Arroz. Aprendí a hacer arroz y como decía mi madre que tenía que comer verduras.. las recetas de arroz con verduras fueron tomando forma hasta perfeccionar la sazón y la variedad de unas con otras.. dos meses mas tarde, y tras haber mezclado todas las verduras de temporada no quería ver ni un solo grano más en mi plato.
Empezó la travesía por las proteínas. Entre pechugas de pollo (que no vienen en filete), bandejas de pescados enteros con tripas y escamas, codornices que luego fui incapaz de comer porque me recordaban a mis polluelos y botes y botes de granos pre-cocidos el mundo de la culinaria se abrió ante mi. Le tomé el gusto a la cocina y poco a poco perfeccioné distintos estilos copiando cada receta que me antojaba.
Comida típica de mi país, española, italiana, mexicana, libanesa, japonesa, thai... son algunas de mis preferidas.
Todos pasamos por etapas, como cuando mi hermana decidió calentarse el filete de pollo que le preparé sin darse cuenta que yo había dejado la sartén con dos dedos de jabón para que aflojara... y se comió el filete recalentado en salsa verde espesa anti grasa con olor a limón. O como cuando le puso salsa BBQ a las lentejas para probar sabores... o como cuando nos explotó la olla a presión y tuvimos granos hasta por el techo... o como cuando dejé la bandeja de cerdo en la terraza para descongelarla y una gaviota se apoderó de ella y nos dejó sin comida esa tarde...o como cuando ayer por accidente le eché agua al aceite caliente y la cocina parecía un laboratorio de juegos pirotécnicos...
Y a Ti.. ¿Cómo te ha ido en la Cocina?